Nadie se muere de amor: saquemos el amor romántico de nuestras mentes

Los cuestionamientos sobre nuestras vidas afectivas en tiempos de crisis del amor romántico han llegado para quedarse: las rosas, los chocolates y los mimos pierden relevancia cuando está en el tapete nuestra integridad y nuestra existencia en el mundo. ¿Cómo iba a ser posible creer que nacimos de un dios hombre y que luego fuésemos propiedad de nuestros padres para pasar a serlo, luego, de nuestros esposos?, ¿cómo iba a ser posible que siguiéramos siendo un simple trofeo?, ¿cómo iba a ser sostenible nuestra obediencia, porque, eventualmente, nos mantendrían económicamente?

Sabemos que el amor romántico se adscribe a patrones machistas a la vez que mercantiles: la relación es jerárquica y el intercambio se condice con la cesión de garantías por parte de la mujer en función del hombre, pues él tiene el poder económico, social y sexual. Es así como el amor se configura en deuda y saldo: el amor es, entonces, otro bien de consumo, cuyo territorio de conquista es nuestra cuerpa que es canjeable por alimentos, por hijos, por un hogar "propio", por pasajes de metro, por la independización de nuestros hogares filiales, por un par de zapatos, por la felicidad del macho, etc. Incluso con independencia económica, somos cuerpas de consumo al arbitrio del sistema.

Pese a que el patriarcado es el caldo de cultivo del machismo, hemos dado importantes pasos reactivos respecto de nuestras vidas íntimas y las relaciones que las gobiernan: por lo menos, como feministas, entendemos que no vale la pena subyugarse siquiera, porque nos sentimos "amadas" y, sí, entre comillas, porque las inseguridades están a la vuelta de la esquina. Hemos entendido que el amor romántico es pasado, pues es la construcción social que el macho configuró para seguir ostentando su poder en uno de los tantos dominios de su vida y, pues ¿qué pasos hemos dado adelante para contrariar esta dinámica?, ¿es realmente pasado el amor romántico?, ¿nos hemos liberado absolutamente del yugo de este amor? Evidentemente la respuesta es no.

Lamentablemente, "a cada logro feminista ha seguido un retroceso, a cada golpe femenino un contragolpe social destinado a domar los impulsos centrífugos de la liberación", ya afirma Lina Meruane, porque, evidentemente, el sistema económico encuentra dónde y cómo penetrar, cual violación, las dinámicas puestas en entredicho: en este caso, el cuestionamiento de las relaciones que se establecen bajo el alero del amor romántico. Así, la monogamia se ha puesto en tela de juicio, pues en esta pervive el amor romántico por excelencia, sin embargo, ¿es el poliamor una salida viable? o más bien, ¿es el poliamor el que puede garantizarnos el respeto de nuestros compañeros?, ¿es esta estructura capital el lugar propicio para romper estructuras a través de esta nueva configuración de las relaciones amorosas?, ¿es el poliamor la salida del amor romántico?

¿Qué es lo que nos garantiza el poliamor? suponemos que la libertad de escoger aquellos compañeros con quienes queremos involucrarnos sin arrastrar con ello una dependencia emocional o económica (ni de otros tipos), sin embargo, ¿es una batalla ganada para nosotras como mujeres que luchamos? o ¿surge como una contra respuesta alternativa por parte de quienes nos oprimen? Evidentemente, quienes deciden por esta vía lo hacen mediante su voluntad y no pondremos en duda tal decisión, sin embargo, cabe preguntarse dónde queda la responsabilidad afectiva, qué pasa con las ITS o qué tal si concibes hijos deseados de una relación de tal tipo considerando la complejidad de la maternidad chilena, por ejemplo. 

Quizás no hayan respuestas aún respecto de las valoraciones sobre la monogamia, la bigamia, la poligamia o el amor libre, porque hoy todo está en entredicho, pero en esta sociedad consumista que ha permeado inclusive nuestras vidas íntimas, la transacción del amor en la dinámica del capital enceguece decisiones y fija relaciones jerárquicas de poder difíciles de deshacer. Entonces, ¿somos realmente libres en la elección de las relaciones afectivas que vivenciamos?, ¿estamos conscientes de que el amor romántico es opresor por antonomasia?, ¿estamos limpias del bombardeo mediático acerca del deber ser femenino? Es 14 de febrero y vale la pena pasar esta reflexión por nuestras cabezas, por nuestros corazones y, sobre todo, por nuestros úteros. 





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